Pájaro de bosque
No es lo mismo ser pájaro de bosque que pájaro de jaula. El pájaro de bosque goza de libertad, vive en medio de la naturaleza, ejercita constantemente su vuelo, goza de una alimentación variada, interactúa con otros pájaros, corre riesgos, resulta más vulnerable… El pájaro de jaula observa siempre la realidad a través de los barrotes, se mueve en un espacio reducido, su alimentación es repetitiva, su interacción social es limitada, se siente más protegido, obtiene más seguridad a cuenta de reducir su libertad… No es extraño que, entre estos dos estilos de vida, el escritor Antoni Puigverd, en su dietario, se sitúe en la perspectiva del pájaro de bosque, es decir, alguien que observa la realidad desde la libertad, sin ataduras a discursos preestablecidos. En su felicitación navideña, me envió dos frases que reflejan esta mirada crítica y esperanzada, y que reproduzco aquí.
La primera: «La Navidad ancestral conmemoraba el nacimiento de la luz, y la Navidad cristiana el nacimiento de la esperanza para la humanidad. Según la narración de Mateo, días después de que haya nacido el niño que encarna la esperanza, todos los menores de dos años son asesinados por un rey de ambición shakesperiana. La esperanza no excluye el mal. Sólo ayuda a combatirlo.» Michael Ignatieff es el autor del libro En busca de consuelo, que subtitula «Vivir con esperanza en tiempos oscuros». De eso se trata: de no plegarse al mal sino de combatirlo.
La segunda: «La esperanza o transforma o no es esperanza, sino mero optimismo, ilusión. Las ilusiones decaen o se frustran, el optimismo puede ser vencido por la pésima realidad. La esperanza transforma a los que la tienen, sea cual sea la realidad a la que se enfrentan. Mientras la creencia en el progreso se aferra a un futuro hipotético (ahora también inquietante), la esperanza cristiana -sostenía Ratzinger- ya actúa en el presente 'como una confianza activa de que nuestra vida no acaba en el vacío'.» Aquí se evidencia la fuerza transformadora de la esperanza y queda profundamente vinculada al sentido. Václav Havel no ponía el acento principal de la existencia humana en el resultado de las acciones que llevamos a cabo, sino en su sentido.
La esperanza no solo es un concepto filosófico o teológico, sino una clave de lectura de nuestro tiempo. No es casualidad que el papa Francisco haya elegido este término para titular su autobiografía, escrita en colaboración con Carlo Musso: Esperanza. El Jubileo del año 2025 se articula en torno a esta virtud. Por eso la Bula de convocación reproduce una cita de la carta de Pablo a los romanos: Spes non confundit [La esperanza no defrauda]. El lema jubilar nos invita a ser «Peregrinos de esperanza.», es decir, a convertir los signos de los tiempos en signos de esperanza. En un mundo donde la desesperanza lleva a muchos al borde del abismo, la esperanza no es un lujo, sino una necesidad vital.
El pájaro de bosque elige la libertad, aunque implique riesgos. Su vida no está garantizada, pero su canto es auténtico. Del mismo modo, la esperanza no es una certeza ingenua ni una ilusión pasajera, sino una actitud que transforma la realidad, incluso en medio de la incertidumbre.